LLORENS BUSTOS

HISTORIAS QUE VUELAN A TU ALREDEDOR

lunes, 24 de agosto de 2026

87. El Renacido


Paella de pollo

 

—Cuándo heredemos de tu padre ¿nos llagará para un buen coche de alta gama? —Le dice Matilde al esposo, mientras cierra el lavavajillas.

—Pues claro, también a nuestra hija le vendrá bien algo de dinero, en septiembre tiene muchos gastos con los críos, libros, material escolar y los uniformes. Ya sabes la alegría que le hará visitar el parque de Paris.

—Ten en cuenta que hay que descontar gastos de notaria, plus valía... y la suma del agente inmobiliario, que no es poco.

—Ya lo he hecho, y, más o menos, salimos a un buen pico, contando también con la liquidación de hacienda y el registro de la propiedad. La casa de mis padres nos la ha valorado muy bien y total somos los tres hermanos.

Suena el teléfono y eso hace que corten la conversación. Matilde, por estar más cerca del aparato, atiende tras reconocer el remitente y, después de unos segundos de incertidumbre auditiva, intrigada, se dirige al marido:

—Es de tu hermano, que dice que a tu padre le han dado el alta medica hoy mismo. Hace una hora y pico.

—¡Pero si ayer estaba en coma!

—Pues se esta comiendo un buen plato de paella.

martes, 5 de mayo de 2026

86. Resaca electoral

 



 

Al finalizar el recuento electoral, ante los medios de comunicación, con micro en mano, una periodista entrevistó al cabeza de lista, por ser el más listo, y ella, la más intrépida ante la cámara de su acompañante.

—¡Buenos noches! nos encontramos en la sede central y está con nosotros su secretario general... ¿Qué nos tiene que contar después del batacazo electoral? Es evidente que han perdido las elecciones.

—¡Eso lo dice usted! —respondió el referido con aire impertérrito.

—Según los datos oficiales del ministerio del interior, han obtenido veinte escaños menos en el Congreso y no digamos en el Senado…

—¡Perder! No es la palabra adecuada. Mi partido se consolida como una fuerza permanente. El electorado ha sufrido un cambio de estrategia, o sea, que nuestro programa no ha calado… es evidente.

—¿Está convencido de su derrota?

—… ¿Qué derrota? —la miró con reproche— al contrario, estamos dispuestos a reforzar los pilares de nuestra democracia, no se olvide usted que en las encuestas éramos los ganadores absolutos…

—¡¡¡Corten!!!

 

 

miércoles, 18 de marzo de 2026

85. El Cupido.

  

 

 

Empujado por un ser superior, y con el cuerpo tan sereno como el mar, llegué hasta el salón de proa, en donde la conocí hace años. El barco navega próximo a la costa durante aquel ocaso coloreado y que se funde sobre las aguas tranquilas de la bahía. Las mesas de la terraza están ocupadas y queda un taburete libre. Lo ocupo discreto y observo el entorno con disimulo hasta descubrir que un pintor tuvo la idea de plasmar aquel mismo lugar en uno de los cuadros que pendían detrás de la barra. Pido un vermut y apenas el camarero deja la copa en el portavasos, la voz de ella susurra en mi oído, me giro y mi corazón parece querer sobrepasar las pulsaciones normales, la admiro y ella me da un beso. No sé qué decir. Me separo del taburete y se lo ofrezco como aquella primera vez. Embelesado, sin dejar de mirarla cato el vermut. El acuerdo entre ambos se había cumplido para matizar aquellos recuerdos que nos acompañaron durante años. Ahora ambos jubilados y jugando al escondite.

—Estas estupenda—. Le digo, y ella se me acerca hasta que aspiro de nuevo su perfume. Intenso como el instante que dura la fragancia.

—Quien nos lo iba a decir…

—No he deseado otra cosa que volver a navegar contigo.

Ella pide al camarero lo mismo yo, sonríe, y la imito. Juntos admiramos la puesta del sol que nos unió aquel Cupido en nuestra adolescencia.

 

lunes, 23 de febrero de 2026

84. Instinto preventivo

 


Saber banco por IBAN: cómo saber la entidad por el número de la cuenta  bancaria 


 

 

Desde el mostrador, uno de los empleados, observa con ojo avizor al joven que insistentemente menea una de las hojas de la puerta corredera de la entrada principal. Suspicaz, atiende al cliente de turno y después mira el monitor de las cámaras de seguridad, ofrecen la imagen ampliada del sospechoso, no identificable por llevar puestas las gafas de sol y una gorra encasquetada a ras de oreja. En eso una anciana repiquetea con la tarjeta bancaria en el mostrador. El banquero la ningunea y descubre que el joven de la puerta mantiene una bolsa negra que pende sobre el hombro. Agudiza la mirada. No recuerda que sea usuario de la entidad y eso le hace evocar el último atraco perpetrado. Su instinto hace que avise a la policía que acude de inmediato. Apenas termina la gestión con la anciana, descubre que los agentes inician una discusión con el sospechoso mientras le cachean manteniéndole con las manos en alto y apoyadas sobre el cajero automático.

Suena su teléfono móvil, tras comprobar que es de su compañero del mostrador y que ha salido a tomar un café, lo atiende con desgana:

—¿Dime Eliseo…?

—Perdona Julio, se me olvidó decirte, que he avisado a los de mantenimiento, la puerta principal hace cosas raras y no cierra bien. Me han dicho que mandaran a un tal Leandro Rodríguez, es nuevo en la empresa y seguro que no le conoces. He vistió un coche patrulla pasar a toda leche… y me ha venido a la memoria.

 

 

domingo, 4 de enero de 2026

83. Pubertad, divino tesoro

 




 

El cambio de mi madre ahora es radical, la noche anterior, discutimos por culpa de mi acné, ya no me mira, ni habla igual. Temprano nos encontramos en el comedor, se dirige a la cocina para preparar los desayunos, yo al aseo para el menester diario. Según ella: “a darle a la zambomba”.

Intento buscar su mirada meneando los cereales con leche. Recojo la mesa para sonsacarle algún suspiro y así llegar a la paz que necesitamos, antes de irme a la playa con la paga semanal que me entrega cada domingo. Esta vez, nada. Cuando atrapo con remilgo el pomo de la puerta para salir de casa, desde la otra punta del pasillo, en posición erguida y mostrándome su monedero, a modo de cualquier cura, el hisopo, lanza su ultimátum:

—O me dejas que te reviente ese grano… o te vas a la calle sin un euro…

Me mira la tez y sonríe con resorte.

Regreso a ella como un reo al patíbulo, quizás el haber cumplido los catorce, hace que quizás haya incrementado la paga y valga la pena reventar mi grano volcánico.