En la sala de la Audiencia Provincial, el magistrado hizo llamar al testigo ocular del atraco a una joyería. Una vez comprobada su identidad por el secretario, quedó a la expensa del foro judicial. El primero en preguntar fue el abogado de la defensa, que lo hizo de forma cordial:
—¿Se ratifica usted en que los integrantes del robo perpetrado en la joyería Pelayo… fueron siete individuos en total?
—Dije a la policía seis o siete —contestó el testigo.
—¡O son seis, o son siete! —le instó el juez con tener interés.
—A veces he dudado, y creo que había seis…
—¿Usted sabe contar? —insistió el abogado de la defensa.
—¡Claro!
—Demuéstrelo al tribunal—indicó el fiscal para que constara en acta.
El testigo miró al abogado para cerciorarse de lo que debía hacer y, por recibir su beneplácito, con una simple cabezada, el testigo contestó:
—Uno, dos, tres, cuatro, cinco y…
—Continúe por favor—solicitó el juez.
—…seis, siete, sota, caballo y rey.
