lunes, 2 de julio de 2018

Siete pecados y un perdón

EL PASADO VIERNES ESTUVE EN LA PRESENTACION DEL TERCER LIBRO DE RELATOS PARA TRAYECTOS CORTOS, ALLI EXPUSE MI OBRA: Siete pecados  y un perdón 








martes, 26 de junio de 2018

De Uncastillo a Sos del Rey Católico



Sábado, dos de junio de 2018

A tientas cogí el reloj pulsometro que había dejado en la mesita y miré al otro de la habitación, Pepe dormía pierna suelta con suspiros entrecortados que simulaban los pucheros de un recién nacido. Dos cosas me obligaron a dejar la cama, lo primero ocupar el baño y desocupar mi vejiga reventona, tras aliviarla, y sin descargar la cisterna para mantener el silencio, me acerqué a la ventana, necesitaba ver el tiempo, aunque para ello ya había consultado la APP de mi móvil. A través de la ventana me me invadió una gran tristeza, observé la fachada de enfrente y parecía que el pasado había quedado redefinido y focalizado en ese instante, abrí el ventanuco lo mínimo y llegué a sentir el roce ligero de un vientecillo que anunciaba la humedad de aquella mañana. El habernos costado con lluvia intensa nos dejo preocupados, lo cierto es que nos hicimos más de quinientos kilómetros para acometer la aventura programada por Toni; no puedo decir que me mantuve en vela, porque el viaje y la ruta de por la tarde me dejo exhausto, al menos a mí. O eso yo creí.
La voz carraspeante de Pepe hizo que aliviara el desamparo en que sucumbía, sugirió que abriera la ventana de par en par, los dos asomados al diminuto balcón, vista arriba, cielo encenizado y totalmente cubierto, eso cubrió nuestra esperanza de comenzar a dar pedales, al menos había dejado de llover. Aspiré con intensidad parte del relente que pululaba en el ambiente de aquel pueblo encantador donde en cualquier esquina podría aparecer un caballero templario. Uncastillo, uno de los cinco que componen la comarca de Las Cinco Villas, en Zaragoza. Sin perder ritmo a nuestro menester matutino nos colocamos, estrenamos, el nuevo equipo de ciclista y, mochila en mano, bajamos al comedor de la posada en la que pernoctamos. Podéis encontrar toda la información en internet, su nombre Posada La Pastora, este hotel histórico esta ubicado en un edificio del siglo XVIII,  de la ciudad con tinte medieval. Os lo recomiendo.
Ante la incertidumbre suscitada por la inclemencia climatológica continuada, alguno de nosotros, ni siquiera se había colocado el equipo, la incertidumbre del día permanecía; ilusión de rodar no nos faltaban. Tal cual fueron llegando ocupamos las sillas junto a una mesa redonda por indicación del camarero. Podéis serviros, nos dijo, y eso hicimos. Lo cierto es que el atracón que nos dimos la noche anterior cenando, de poco sirvió. Recordaré siempre aquella olla repleta de un guiso a base de tomate frito, salchichas, jamón y yo qué sé. Poco a poco fuimos dando viajes a donde estaba el bufet libre y libres nos sentimos al ver que el camarero hacia tantos viajes como nosotros para servirnos zumo de naranja y cafés con leche. Amén del cestillo de rebanadas de pan tostado que no llegaban a perder temperatura. Ninguna de ella consiguió templar el calor. ¿Qué hacemos? Preguntó uno. Ni caso, la cuestión, parecía ser, eliminar lodo lo comestible en aquella exposición donde quiero destacar la variedad, calidad y exquisitez.
Por consejo de Miguel, el encargado de la estancia, decidimos hacer la ruta que nos indicó y marcó con rotulador fluorescente en un plano impreso de la comarca de Las Cinco Villas, fácil, subir hasta el mirador de Sierra Selva, coronado por diversos molinos eólicos. ¿De llover? Sería regresar a Uncatillo y acercarnos a medio día a comer a Sos del Rey Católico, con los coches, ya que éramos en total ocho. Alguien citó llevar una muda. Y mudos nos quedamos. Después de que Miguel nos llenara los bidones de agua llegamos tranquilamente a la salida del pueblo, en las ruinas de la iglesia de San Lorenzo, nos hicimos una foto bajo los restos del pórtico en que mostramos orgullosos nuestro nuevo equipo, cuatro delante y cuatro detrás. Cada uno a lo suyo.
De vuelta, cada uno montado en su bicicleta buscamos una posición cómoda para rodar aquellos diez kilómetros de ascensión, ya que Miguel nos había aconsejado que circularíamos tranquilamente por la carretera, la ausencia de vehículos nos lo permitiría, sin ninguna duda. De ese modo descartamos meternos por pistas atendiendo el GPS, al estar embarrizadas y eso evidentemente perjudicaría nuestro objetivo, que no era otro, que disfrutar con nuestra bicicleta de montaña. ¡Un momento! Eso dijo Jesús y arrodillado en el margen de la carretera nos hizo varias fotografías. De nuevo compusimos la fila y comenzamos a posicionarnos para acometer la primera subida, larga, luego un respiro, otra hasta coronar el alto de un monte con grandes molinos que movían sus aspas al compas que nuestras piernas. Atrás, rezagados, quedamos Toni y yo. La incertidumbre se mantenía como las nubes que comenzaban a desfragmentarse entre claros calentando con solemnidad nuestros cuerpos entumecidos. Alguno se quito la camiseta. La duda se mantenía hasta que llegamos al punto más alto, aprovechamos el respiro para ver a lo lejos los montes pirenaicos; algunas fotos y reunión para cuestionar qué hacer ante la buena disposición climatológica. La mañana pintaba bien.
Por unanimidad decidimos arriesgarnos y continuar dando pedales hasta Sos del Rey Católico. Apenas dos revueltas nos detuvimos, Jesús apostó por introducirse en una pista forestal en la que indicaba nuestro destino, a dos horas, Javi y yo decidimos hacerlo por la carretera antigua, una hora menos.
Las nubes comenzaron a desaparecer y comenzamos a rodar con un ambiente que resplandecía como los campos de trigo donde las amapolas parecían chinchetas que adornaban los campos verdecidos. Aspiré aquel oxigeno como si fuera esencial, esencia variopinta de distintas plantas autóctonas nos convencimos de que estábamos observando estampas con el rigor de la naturaleza, donde predominaba el monte bajo con el cielo cerúleo totalmente despejado. Rodar por la carretera antigua resultó agradable, el silencio mantenido nos hizo gozar del jolgorio de los pajarillos, difíciles de adivinar su especie por la variedad de sus reclamos. De vez en cuando se interrumpían por el sonido de los meandros que buscaban riachuelos angostos marcados por una arboleda variada donde predominaba el quebranto de un terreno totalmente labrado por máquinas que habían dejado las huellas de sus ruedas como las cuadrigas en los ruedos.
Mi reloj indicaba las 13´50, pulsaciones, no más de ciento veinte. Cuando llegamos a la entrada de Sos del Rey Católico, nos detuvimos delante del cuartel de la guardia civil por indicarlo de un STOP. Restaurante Landa, me dijo Javi y añadió que era el que Toni había reservado para comer. Lo encontramos apenas nos adentramos en el casco antiguo. Antes, aprovechamos que el resto del grupo no había llegado y llamamos a nuestra familia, conversación que, evidentemente agradecieron, confirmamos que el tiempo había mejorado.
Alivio para ellos, suerte para nosotros.
Siguiendo la corriente de turistas tomamos dirección al castillo, de repente nos encontramos una estatua de bronce, la figura estaba sentada en una silla, esa que utilizan los directores de cine, leí parte de una placa metalizado y descubrí que estaba dedicada a Berlanga, ante la duda, pregunté a un lugareño y me dijo que el ayuntamiento celebró los veinticinco años de la película que allí se rodó, La Vaquilla. Mi sorpresa fue compartida con Javi, decidimos hacernos alguna foto con aquella figura del director cinematográfico al cual he admirado y disfrutado de todas sus películas. Desde “Bienvenido Mister Marxal”, hasta “Todos a la cárcel”, que es donde hoy en día permanecen muchos políticos. Politiquillos.
Siguiendo adelante entramos en una especie de pasillo, me dio a entender que aquel pasadizo servía para adéntranos en la base del castillo. No fue así y llegamos a una plaza amurallada con un peldaño para observar todo el perímetro que bordeaba el pueblo, a nuestras espalda, la entrada a la iglesia de San Esteban. Bajo el pórtico, un señor que podría superar los setenta. Le preguntamos si podíamos visitarla y nos indicó que aún teníamos tiempo antes de cerrar; un euro. La descripción del templo no la voy a narrar, solo aquello que nos llamó la atención y fue al bajar al sótano, encontrarnos los dos grandes pilares, de ahí el nombre de Sos, y la pila donde fue bautizado el Rey Fernando el Católico, que da pie al nombre del pueblo medieval. Al salir regresamos al restaurante donde nos reunimos con el resto del grupo. La comida resultó agradable, después nos dimos una vuelta montados en la bicicleta hasta llegar de nuevo a lo alto del castillo. A pie subimos a la planicie en donde en el centro se encontraba una torre cubierta totalmente de una tapiz de ganchillo de distintas formas y colores confeccionado por las mujeres de aquel pueblo que nos había maravillado en cada uno de sus rincones. Fotos y conversaciones efímeras sobre el lugar hasta que decidimos regresar a Uncastillo, el tiempo comenzaba a mostrarse turbulento y la presencia de nubes era inminente. Salimos por la antigua carretera de Uncastillo y, a los pocos kilómetros, comenzó a lloviznar con escasa intensidad, colocados los chubasqueros iniciamos la ascensión teniendo como referencia los molinos productores de fluido eléctrico. Consulté la hora y calculé la distancia para dosificar las fuerzas, me resultó agradable aquella sensación insondable, rodar con la compañía del agua que repicoteaba en del chubasquero. A lo lejos, iban Poe, Xavi, Benja y Jesús, detrás continuábamos Xapu, Pepe, Toni y yo. Llegar a lo alto resultó un respiro porque el resto de la distancia era de bajada. Antes de acometerla, nos reunimos para valorar y compartir nuestras sensaciones. Una de ellas fue ver rodar el bidón de agua cuesta debajo de Toni.
Ninguno ponía en duda la suerte que habíamos tenido al poder haber disfrutado con la bicicleta. Xapu citó la visión de un Jabalí en la parte derecha de un barranco, nadie lo cuestiono, porque ninguno de nosotros le vio. Me refiero al animal. Por si no ha quedado claro.
Llegamos a las siete y media de la tarde, tras dejar las bicicletas en la cochera del hotel, donde tendimos los chubasqueros, fuimos directos a la habitación, Miguel nos preguntó por la ruta. “Todo había salido perfecto”. Una ducha y nos permitimos un pequeño descanso en la cama, al calor del edredón me reconfortó del esfuerzo, al GPS poco le faltó para los sesenta kilómetros, entre ida y vuelta.
Aprovechando que había escampado nos dimos un paseo por el interior del pueblo, hasta que nos dirigimos a la plaza, tuvimos que permanecer bajo el cobijo de unas sombrillas majestuosas que soportaron la lluvia hasta la hora de la cena, como la anterior, encargada y reservada por Toni. Un acierto, sin duda.
¿Qué decir de aquel restaurante?, nada. Perfecto, una atención sublime y un trato amable, la comida, especial. En varias ocasiones observé a través de los cristales de la ventana la intensidad de la lluvia, me tonificó. La sensación de bienestar me inundaba como el agua los canales de las calle empedradas.
La sorpresa fue el apagón de luces, creí que era por culpa de aquella lluvia incesante, pero me resultó sorprendente ver llegar a la mujer con un pastel entre sus manos y encima dos números de cera donde sus mechas prendidas escasamente iluminaban el entorno, el cinco y el uno. Comenzamos a cantar al unísono cumpleaños feliz mirando fijamente a Toni, era quién los cumplía. Antes de que la camarera abandonara para traer los platillos, solicitó una botella de cava, brindamos por el objetivo cumplido y la onomástica del organizador.
La tertulia se alargo hasta que la lluvia menguó.
Aprovechamos que escampó y salimos directos a hotel. Deseoso de aquel confort, me acosté satisfecho, con el deseo de volver a ver la película que se había rodado en Sos del Rey Fernando, La Vaquilla, gracias Berlanga. Gracias Toni.



Llorens Bustos

jueves, 19 de abril de 2018

EL SILENCIO DE LOS OLIVOS

Amigos, toca descansar para reactivar...  os dejo con la portada de mi última novela.
Gracias a todos por vuestra atención, como con todas las cosas, hay que tomar un respiro.



SINOPSIS

En la última década de la dictadura Franquista, la doctora Dolores Fuentes descubre la violación de una adolescente, llegando a introducirse en un sistema que le llevará ante una trama donde se verá implicada, tan corrupta como el propio régimen gubernamental. Sin apenas darse cuenta se convierte en testigo ocular de un hecho insólito: un alto cargo provincial resulta estrangulado en su presencia; al día siguiente otro hombre de edad similar muere en extrañas circunstancia. Enfrentada a la familia que usurpa de manera ilegitima la titularidad de un cortijo y tras la conclusión de una serie de circunstancias, aparece un testamento que se ocultó en plena guerra civil.



En Internet:
Amazon, https://www.amazon.es/gp/offer-listing/8494569597/ref=sr_1_1_olp?ie=UTF8&qid=1524134315&sr=8-1&keywords=eL+SILENCIO+DE+LOS+OLIVOS

Editorial Maluma, precio 17 euros, gastos de envió incluidos
http://editorialmaluma.com/producto/silencio-los-olivos/

Puri Naya (Periodista Cadena SER Gandia): Amigo Llorens Bustos Fernández, ya he finalizado las 539 páginas de tu libro, una trama que me ha tenido enganchada desde el principio. No me extraña que no pudieras dejar pasar la oportunidad de contar esta historia y lo has hecho de forma clara y muy amena. Enhorabuena.