HISTORIAS QUE VUELAN A TU ALREDEDOR

domingo, 4 de enero de 2026

84. Pubertad, divino tesoro

 




 

El cambio de mi madre ahora es radical, la noche anterior, discutimos por culpa de mi acné, ya no me mira, ni habla igual. Temprano nos encontramos en el comedor, se dirige a la cocina para preparar los desayunos, yo al aseo para el menester diario. Según ella: “a darle a la zambomba”.

Intento buscar su mirada meneando los cereales con leche. Recojo la mesa para sonsacarle algún suspiro y así llegar a la paz que necesitamos, antes de irme a la playa con la paga semanal que me entrega cada domingo. Esta vez, nada. Cuando atrapo con remilgo el pomo de la puerta para salir de casa, desde la otra punta del pasillo, en posición erguida y mostrándome su monedero, a modo de cualquier cura, el hisopo, lanza su ultimátum:

—O me dejas que te reviente ese grano… o te vas a la calle sin un euro…

Me mira la tez y sonríe con resorte.

Regreso a ella como un reo al patíbulo, quizás el haber cumplido los catorce, hace que quizás haya incrementado la paga y valga la pena reventar mi grano volcánico. 

 

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