HISTORIAS QUE VUELAN A TU ALREDEDOR

miércoles, 18 de marzo de 2026

85. El Cupido.

  

 

 

Empujado por un ser superior, y con el cuerpo tan sereno como el mar, llegué hasta el salón de proa, en donde la conocí hace años. El barco navega próximo a la costa durante aquel ocaso coloreado y que se funde sobre las aguas tranquilas de la bahía. Las mesas de la terraza están ocupadas y queda un taburete libre. Lo ocupo discreto y observo el entorno con disimulo hasta descubrir que un pintor tuvo la idea de plasmar aquel mismo lugar en uno de los cuadros que pendían detrás de la barra. Pido un vermut y apenas el camarero deja la copa en el portavasos, la voz de ella susurra en mi oído, me giro y mi corazón parece querer sobrepasar las pulsaciones normales, la admiro y ella me da un beso. No sé qué decir. Me separo del taburete y se lo ofrezco como aquella primera vez. Embelesado, sin dejar de mirarla cato el vermut. El acuerdo entre ambos se había cumplido para matizar aquellos recuerdos que nos acompañaron durante años. Ahora ambos jubilados y jugando al escondite.

—Estas estupenda—. Le digo, y ella se me acerca hasta que aspiro de nuevo su perfume. Intenso como el instante que dura la fragancia.

—Quien nos lo iba a decir…

—No he deseado otra cosa que volver a navegar contigo.

Ella pide al camarero lo mismo yo, sonríe, y la imito. Juntos admiramos la puesta del sol que nos unió aquel Cupido en nuestra adolescencia.

 

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