sábado, 15 de abril de 2017

La sentencia


Delante del tribunal judicial, imaginaba el verde de los prados que llegaban a mezclarse con los picos en las colinas grisáceas de la comarca hasta ver el amanecer anaranjado con su perro. El regreso, el cielo se cubría de azul mientras pisaba sobre la gravilla blanquecina del camino serpenteante bordado de abetos y que le llevó hasta el cobijo de una vieja cuadra donde descubrió a su esposa con el amante. Jamás se hubiera imaginado estar en aquella situación, en la que no podía olvidar el cuerpo descuartizado de Modesto, ni el rojo sanguinolento que mantuvo en sus manos hasta que llegó la policía.
—¡Veinte años, seis meses y un día! —dijo el juez.

Sonó el golpe seco del mazo.

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