jueves, 30 de marzo de 2017

Recuerdo de adolescencia


Frente a su féretro llegaban familiares y amigos sin olvidarme de aquella tarde de verano en que coincidimos haciendo cola en la entrada de la fiesta de fin de curso. Tras suya, le toqué el hombro derecho con el índice y, al girarse, le propiné un beso, tan fugaz que nadie más se enteró. Se quedó sonriendo y saltó: ¡Estás loco!. Le respondí: loco estoy por ti. Aquella locura todavía continúa en la fachada de la iglesia donde se componía una larga fila para darme el pésame. Al llegar el primero y estrechar mi mano, solemnemente, me dijo: Te acompaño en el sentimiento. A continuación, sonó el toque fúnebre de campana que a nadie le gusta oír.

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