martes, 21 de marzo de 2017

Recolecta nocturna



La lluvia persistía de forma pausada, llevaba varios días cayendo a intervalos consiguiendo que los campos no se anegasen y algunos labradores comentaran el refrán: Agua de mayo, vale para todo el año. En aquella noche cerrada, apenas se escuchaban las gotas que se estallaban en el plástico de los invernaderos que relucían con el claro de la luna que aparecía de entre las nubes como por arte de magia. El motor de un coche se oyó hasta que se detuvo al margen del camino rural. Dos linternas reflejaron la senda bordeada de hierba y su luz se estampó en la concha espiral de varios caracoles.
—Vámonos —dijo uno de ellos.
—Aprisa que nos pillan —saltó otro.


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