lunes, 8 de agosto de 2016

Uno de tantos…



Tras recibir el alta médica, nadie trasladó al vagabundo de regreso al lugar en donde fue recogido por la ambulancia, le achacaron, como excusa, los recortes sanitarios, aunque, los únicos recortes que él conoce son los que le sirven de colchoneta.
Le diagnosticaron una patología social, y quizás, sea el “delirim tremens” que le despertó aquella mañana cuando pernoctó en el interior del cajero automático del banco, ajeno a la intemperie.
Al regresar, sin dejar de mendigar a cada paso, escarbó en su carrito y descubrió que no le faltaba un sólo cartón de vino. Eso le hizo sentirse importante y bebió con avidez hasta alcanzar de nuevo el delirio del coma etílico.

Al poco, fue trasladado por la ambulancia.

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