viernes, 3 de junio de 2016

El atraco con trato


Benito empujó la puerta metálica de la entidad bancaria para permitir que una anciana que renqueaba con la gayata entrara delante suya, ya en el interior, la mujer se quedó en la cola de la ventanilla. Benito, al comprobar la ausencia de clientes, se acercó a la puerta del despacho del director, quedó quieto y miró al guardia jurado que atendía con sumo interés su teléfono móvil. Decidido, se asomó al interior al estar la puerta abierta. Miró de nuevo al guarda jurado y presumió que estaba chateando, ya que se reía sin más. La única chica que atendía a los clientes en la ventanilla, le insinúo con un gesto si precisaba de su atención, él la denegó con una simple mueca, y justamente cuando ya no quedaba nadie en el banco, salió un hombre de edad similar a la suya que, al verle a solas, le preguntó:
—¿Me está esperando?
—Cierto, se trata de un crédito, vengo de parte de un agente comercial del concesionario —le entregó una tarjeta de visita—, es para consultar las condiciones financieras para un coche nuevo.
El director dio un vistazo a la tarjeta y al entorno, por no ver más que al guarda jurado que continuaba ninguneando con el móvil, le hizo pasar, luego se acomodó en la mesa donde, entre rimeros de papeles, había un reloj con letras doradas que citaba su nombre y cargo. Apenas tomo asiento le invitó a que se acomodara en una de las butaquillas, frente a él, y le volvió a preguntar:
—¿Tiene cuenta corriente o cartilla con nosotros?
—No, aunque soy funcionario y no me importaría…
Benito, de la carpeta, sacó las tres últimas nominas, la escritura de su vivienda habitual y otra carpeta con documentación variada, donde, entre otras, constaba una propiedad inmobiliaria en la Costa Brava. El director dio un vistazo y en una nota hizo los apuntes necesarios, luego le preguntó a saco:
—¿De cuánto dinero estamos hablando?
—Sobre cuarenta mil euros…
—¡Cuarenta mil euracos!
—Quiero un coche de alta gama, me he separado.
—Bien, pues vamos a ello.
El director se levantó, cerró la puerta del despacho y colocó el pestillo. Antes de continuar con la operación, se interesó:
—¿Le importa que me ponga esto? —Le mostró una media de mujer—. Es pura formalidad, y puro nailon.
Al no haber respuesta de Benito, el banquero se colocó la media en la cabeza y una vez acoplada para poder dialogar con facilidad, añadió sin menear un ápice los labios:
—Ahora no se mueva, ni se le ocurra marcharse. ¿En cuánto tiempo piensa financiar el coche?
—Siete años, ya se lo comenté al del concesionario.
—¿Qué cuota mensual le salía con ellos?
—Sobre los quinientos y algo más, me dijo.
—No se preocupe que con nosotros tendrá mejor oferta — después de calcular, le informó—. Total, le sale a quinientos cincuenta y seis, al mes, gastos de apertura incluido, si firma, desde aquí puede llamar y que le matriculen el coche.
El cliente con la calculadora del móvil hizo cuentas y resolvió:
—Pagaré más de seis mil euros de interés.
—Señor, no estamos para perder tiempo. Tenga en cuenta que tener la nomina aquí le resultará ventajoso, tiene gratis una tarjeta de crédito, participara en un sorteo anual de un juego de perolas, además, tiene un seguro de nomina, por si pierde el empleo. Eso si nos pasa su plan de pensiones, claro.
—Así con todo, me parece un atraco.
—No se preocupe, en cuanto que quite la media lo verá de otro modo, es sólo una estrategia comercial. Ya sabe…



No hay comentarios: