viernes, 27 de mayo de 2016

Por fin… la ducha


Al regresar a casa, fui directo al baño, necesitaba de la soledad absoluta en aquel espacio vacío, había trabajado las peores horas de mi vida desatascando una fosa séptica. En la ducha, del grifo salió agua tan fría como un tempano. Desistí al no tener otra opción que la resignación. Divagué por la casa como la liebre atrapada en un corral, nada, no conseguía encontrar la paz interna que necesitaba. Acudí a la donde estaba la bombona bajo del termo, tan vacía como la que había al lado, de reserva. La zarandeé y descubrí que nada quedaba en su interior.
Sonó el portero automático, accioné la tecla de apertura y escuché:
—¡¡¡Butano!!!

—¡Suba dos bombonas! 

No hay comentarios: