martes, 3 de mayo de 2016

Bricolaje por fascículos


Arrodillado delante del retrete, subió sus manos por la loza blanca hasta levantar la tapa y ver el canalillo que se desprendía por el fondo de la taza, cerró la llavecilla de paso de agua y sentó encima quedando sus rodillas pegadas a la pared. Provocó una descarga en la cisterna y tras desenroscar el tornillo que la fijaba, la desplazó a un lado y desmontó el flotador por donde se llenaba; al ver la gomita de cierre desgastada, sonrió. Del bolsillo sacó una nueva y la cambió, acto seguido, acopló todo lo desmontado.
Accionó el pulsador y, en pie, aguardó.
—De algo te ha servido el curso de bricolaje—dijo la esposa.

—¡Hay que llamar al fontanero!

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