miércoles, 27 de abril de 2016

La fuga de Alcalá Meco


Los dos funcionarios del centro penitenciario de Alcalá Meco llegaban a las siete y cuarto de la mañana con el carrito de reparto de medicamentos a la puerta de la celda 120; ocupada por dos reclusos: Amadeo López, alias "Moscarda" y Leopoldo Gómez, moteado el "Araña", por su afición a escalar edificios. Ambos cumplían condena menor, con sentencia firme por robo a mano armada; según los autores, para sufragarse la adicción a la heroína y que ahora suplían con lo primero que pillaban.
El veterano dio tres golpecitos con los nudillos en la puerta metálica, luego abrió la puertecilla que había a ras de la cerradura, quedó listo un cajón de escasa dimensiones. El otro, un joven auxiliar en prácticas, dejó dos tarritos de Metadona y un vasito con dos pastillas de PentazocinaEn voz alta escucharon al Moscarda, que les saludó desde el interior:
—¡Buenos días!
—Buenos días, ¿Cómo estáis?—preguntó el auxiliar.
—¡Bien, tenemos una fuga! —Añadió el preso muy convencido—. ¡Ya avisé ayer, antes de que nos "chaparan", y por aquí todavía no ha venido nadie!
Al finalizar el reparto, los dos funcionarios se dirigieron a la sala de control para entregar la hoja de servicio. El joven en prácticas no parecía estar tranquilo al recordar lo dicho por el recluso. Con el bolígrafo en la mano dijo a su compañero:
—Una fuga… eso he oído, a ver si va a ser que el Araña se nos ha vuelto a fugar. La última fue gorda, se subió al furgón de traslados al hospital con un compinche.
—¿Y qué se te ocurre? —se interesó el veterano—. Las puertas son automáticas, no se pueden abrir hasta las diez para que salgan al desayuno, y al patio.
—Yo se lo diría al Oficial de Seguridad, y que decida. Al fin y al cabo, es nuestro superior jerárquico. Nos quedaremos más tranquilos. Es lo conveniente.
—Por informar que no quede, que desde que se contagió López de Sida, en éste módulo, los del sindicato se pusieron fuertes, y a no ser que autorice la apertura de la celda el director, no hay nada que hacer.
Al llegar el oficial de guardia, le indicaron el asunto y este sin mediar, consultó la grabación de las cámaras de seguridad, concretamente la hora en que se cerraron todas las celdas. En la 120 observaron a varios internos merodeando.
Decidido, llamó por teléfono al Inspector Jefe, que contestó al primer tono:
—¡Dígame!
—Don Luis, perdone que le moleste, pero es que resulta que parece ser que el yoncarra del Araña… Se nos ha vuelto a fugar.
—¡Imposible! Está esta fulminado. ¿Qué dice su compañero de celda? Acuérdese que le colocamos al Moscarda de topo, para que nos lo controlara.
—Ahí está el asunto. Es quién se lo ha dicho a los que reparten la Metadona. Concretamente desde ayer que no ha llegado nadie a la celda.
—¿Has consultado las cámaras de seguridad?
—No se aprecia nada, como usted bien sabe, se les permite el trapicheo con los medicamentos a última hora, así ganamos en tranquilidad. Hasta los médicos les recetan más ansiolíticos que a cualquiera.
—Tendré que informar al Alcaide para que autorice la apertura de la celda. La que se nos puede liar. Voy de camino, vaya pensando algo.
Reunida toda la directiva en la planta, hicieron llamar a los dos funcionarios de reparto, que se reafirmaron en su denuncia. El alcaide ordenó:
—¡Que suban los servicios especiales! Más nos vale, antes de activar la alarma de emergencia de fuga.
Se acercaron a la puerta de la celda y quedaron formando de corro. El Alcaide gritó para ser oído por todos:
—¡Moscarda! Retírate y quédate al fondo. Vamos a entrar.
El jefe del comando de los de servicios especiales miró por la ventanilla y, al comprobar que el recluso estaba al fondo, tal cual un César romano indica su veredicto a un gladiador, levantó la mano derecha con el dedo gordo empinado.
Alguien accionó el automático que abrió la puerta. Al quedar al descubierto todo el cubículo, el Alcaide preguntó:
—¿Y el Araña? ¿Dónde coño está?
—¿Dónde va a estar?, durmiendo. —Contestó el Moscarda, perplejo ante la intromisión inesperada.
—¿Y la fuga? —Insistió el Inspector.
—En la conexión de agua del lavabo ¿ven el charco?

Netwriters
El Tintero Virtual, concurso 604
SEGUNDO  CLASIFICADO



No hay comentarios: