viernes, 1 de abril de 2016

El encuentro


El mendigo, para disimular el tambaleo que le provocaba su adicción al tintorro, se apoyó en el quicio del pórtico de la iglesia, con el único objetivo de mantener la gorra boca arriba, hasta que finalizase la salida de los fieles que permanecían en el interior.
Al terminarse la misa, se le acercó un joven que le dio un billete de cien euros. Sorprendido, miró al cielo para agradecer la dádiva desmesurada. Jamás había visto uno igual. El último que recordaba de aquel color verde, era el de las antiguas mil pesetas.
El muchacho, antes de irse, le dijo:
—Mi madre me indicó que le encontraría aquí.
—¿Tú quién eres?

—Pregúnteselo a ella, usted bien que la conoce.

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