martes, 8 de marzo de 2016

La ensaimada


Siempre que paso por las inmediaciones del parque Alquería Nova, suelo atender con precisión a donde piso. A diario en la zona suelen pasear sus perros permitiéndoles evacuar lo que les sobra. Aquella mañana me sentí satisfecho; a lo lejos descubrí lo que me suponía: un gran zurullo con forma de ensaimada mallorquina. Pensé que el ano del perro debería haberlo sentido, no tanto como su dueño por dejarla abandonada, a pesar de que el ayuntamiento mantiene la ordenanza municipal que sanciona a los que omiten recogerla. Es obvio que el animal aquí poco tiene que ver, ya que es sacado de casa para tal menester.
Me sentí satisfecho al vadearla con intención de avisar a los que se aproximaban en sentido contrario, no lo hice, pensando que por su magnitud la esquivarían como lo hice yo. Al llegar al cruce con otra calle escuché una voz conocida, me giré y descubrí a mi amigo Javier, aguardé para saludarle. Por indicarme que iba con dirección a la farmacia, le acompañé hasta el paseo. Nos despedimos, pero antes de hacerlo, se me acercó y me dijo al oído:
—Creo que en el paso de peatones has pisado una mierda…
Resignado, miré la suela de mi zapato, y sí, sí que la había.



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