viernes, 11 de marzo de 2016

Cobardía


     Una vez descargado el equipaje en nuestra habitación, en la casa de campo de mis suegros, fuimos a la cocina, su madre entretenida preparaba la cena. Se limpió las manos con el mandil y me entregó un cuchillo, tan grande como el del concurso MasterChef y me dijo:
     —En un cajón hay un conejo, mátalo, mañana lo echaremos a la paella.
     Delante del animalito permanecí observando cómo roía un trozo de pan duro. Él no se percató de mi presencia, por lo que sentí una debilidad que me afectó. Me hinqué de rodillas y, acariciándolo, pasé mi mano por su lomo; de repente, sentí la voz de mi suegra:
     —¡Traecobarde!

     En un santiamén le acogotó.


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