lunes, 28 de diciembre de 2015

La Hoz de Poyatos


Al llegar a la puerta del camping, después de cruzar Cuenca mi esposa y yo nos quedamos sorprendidos al ver que estaba cerrado, era finales de septiembre y decidimos hacer una pequeña escapada por aquella zona que tanto nos gustaba en otoño. Continuamos dirección a las Majadas en busca de otro que había mucho más lejos de la capital.
Por suerte estaba abierto, así que montamos la tienda canadiense y luego estuvimos comiendo en el bar, que hacía las veces de recepción. El encargado del camping en una pizarra había escrito una nota que anunciaba la excursión por la Hoz de Poyatos, cosa que nos interesó. A parte de la indicación, averiguamos que estaba prevista para las 10 de la mañana del día siguiente y que el guía era el hijo de aquel hombre tan amable.
Desayunamos junto con otros campistas en el mismo bar, y por lo que pudimos ver, eran varios los que se habían apuntado a la excursión. A la hora indicaba el encargado desde el centro de la barra hizo unas palmas para llamar nuestra atención, y al vernos pendientes de él, nos dijo que su hijo ya estaba dispuesto. Salimos bien abrigados, el termómetro marcaba tres grados y hacia un frio que pela. Cruzamos la carretera comarcal y nos adentramos en una senda angosta que bordeaba todo el afluente del rio Escabas.
Nos detuvimos en un rellano y cuando estábamos agrupados, el pequeño guía nos mostró un puente que citó fue construido por los romanos. Admirando el entorno, continuamos por una zona repleta de pinos, tal largos como algunos postes de la luz, cruzamos el rio por otro puente pequeño y subimos a una senda empinada hasta que llegamos a ver una gran roca que parecía el marco de una ventana, al fondo un abrigo en donde nos detuvimos para hacer algunas fotos. Yo aproveché y prendí fuego a un cigarrillo, al igual que algunos de los que estaban con nosotros. Cuál fue mi sorpresa que cuando nos propusimos continuar, el niño saco una bolsa de tela de su pantalón y fue recogiendo las colillas, entre ellas la mía, que había dejado escondida en un pequeño agujero. Al seguir por el sendero, llegamos a una zona en la que solo veíamos el entorno del paisaje. Estábamos en una posición dominante sobre las formaciones que flanqueaban los meandros del río. Al final de un calvero, el guía nos otorgó otro breve descanso que, por la altitud en la que estábamos, nos hizo disfrutar de la espectacular panorámica de la serranía conquense. Luego seguimos hasta llegar a la boca de una cueva en la que no pudimos entrar por estar el suelo inundado de agua, el niño nos hizo afinar el oído para escuchar el goteo incesante de las gotas que se desprendían de las estalactitas que pendían del techo. Cosa que nos mantuvo embelesados.
Según el niño, habíamos llegado al final, así que antes de regresar me prendí un cigarrillo y al terminar de fumármelo, delante de él, guardé la colilla en el paquete de tabaco. Nunca me hubiese imaginado que un chavalín como aquél, me hubiese que advertido que no dejase la basura en la montaña.
Por la tarde el tiempo se puso feo, y por consejo de uno de los campistas, nos acercamos a ver la ermita de la Virgen de Poyatos y de regreso al camping decidimos cenar en el bar, ya que el precio del menú nos había gustado. Antes de irme a dormir, y aprovechando que mi esposa se había marchado al aseo, me fui en busca del padre del niño; necesitaba contarle lo que había hecho su hijo con las colillas.
El hombre, sonriendo ante mi declaración, me contestó:
—Un día, de tantos que le he llevado conmigo por la montaña, le vi tirar al suelo el envoltorio de una chocolatina, solo le dije que los ejercicios de matemáticas que estudiaba en la escuela servían para muchas cosas, una de ellas, por ejemplo, era la tabla de multiplicar. Me miró sin comprender y añadí: piensa que cada persona que viene al monte deja un envoltorio; multiplica por los días que tiene el año: ¿Cuánta basura habría en las montañas? No supo que responder, ahora, ya nunca más le he visto tirar nada en el suelo.


NETWRITERS, SEMANA XXXIII, TINTERO VIRTUAL: SEGUNDO CLASIFICADO
 
 

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