jueves, 3 de diciembre de 2015

Chef Manolo



Desde que recibí la llamada de la residencia en donde había ingresado a mi padre no era incapaz de concentrarme. Con ansia atendí constantemente la hora en mi teléfono móvil, necesitaba salir del la oficina para comunicárselo a mi esposa, ya que me habían citado para hablar conmigo ese mismo día. No obstante, debería de calcular como darle la noticia, ya que mi padre estuvo en nuestra casa casi cinco años y la convivencia entre ambos se había convertido en una verdadera agonía. Hasta llegamos al punto de replantearnos la separación, cosa que cuando se lo dijimos, puso todo cuanto pudo de su parte y una noche me animó a que le buscara donde pasar los últimos años de su vida.
Como de costumbre, salí a media mañana de la oficina con un compañero a tomar un café con leche y un bollo. Apenas el camarero dejó la taza delante de mí, escuché el tono de llamada de mi teléfono, descubrí en la pantalla que era mi esposa, por lo que salí fuera de la cafetería para atenderla mejor.
—Supongo que te han llamado de la residencia —me dijo.
—Así es, hace apenas unos minutos, iba a llamarte…
—Por favor, acércate y habla con ellos y dime que quieren, no soporto la idea de que tu padre vuelva a casa… —adiviné que lloraba—. Sabía que no se iba a adaptar, es un hombre muy fuerte, tiene mucho carácter y tú lo sabes.
—No te preocupes, hablaré con mi hermano. Quizás se haga el ánimo y se lo lleve a Barcelona, por favor no me lo pongas más difícil.
—Eso ya lo intentamos y tu padre no quiso, no quiere salir del pueblo.
Me colgó.
Bebí el café con leche en dos tragos y regresé a la oficina, fui directo a dirección y solicité permiso al director, debía de acudir a ver a la directora de la residencia y así lo hice. Pasada media hora dejaba la moto estacionada en la zona habilitada. Al entrar, no sé si por casualidad o coincidencia, se me acercó el jefe de cocina y muy amablemente me dijo:
—Sé que le han avisado; no hacía falta que viniera tan pronto.
—Estamos muy preocupados, conozco a mi padre…
—Perdone… ¡Chef Manolo! —matizó.
—¿Cómo qué Chef Manolo os hace ver en televisión el Masterchef?
—No sabíamos que su padre había trabajado de cocinero.
—Toda la vida, en el hotel Baleares, ¿Por qué?
—Acompáñame a dirección y se lo explicaremos.
Aunque sabía de sobra donde estaba el despacho, aquel hombre me acompañó. Entramos sin llamar, la directora al vernos se levantó de su butacón y bordeó la mesa barroca para estrecharme la mano.
—El caso es que hemos tenido unos problemillas con su padre —dijo al tiempo la mujer—, pero estese tranquilo.
—Señora, mi esposa está preocupada. Temíamos que mi padre no se adaptase, somos conscientes de lo que le ha representado.
—Cuando acordamos el ingreso —continuó la mujer—, le dije que con la subvención del estado no era suficiente para cubrir el coste mensual de la estancia, por lo cual, deberían ingresar quinientos euros, acordamos que se complementaria con una trasferencia mensual, que harían ustedes.
—Así es.
—No hará falta, ya que su padre se está haciendo cargo de elaborar los menús diarios, se ha convertido en nuestro chef. Y evidentemente no queremos que continúe sin el conocimiento de usted.
Me quedé aturdido, de sobra sabía que mi padre entendía de cocina, pero no hasta llegar al punto de organizar el comedor de la residencia.
—Desde el mismo día que ingresó, estuvo renegando, decía que el comedor olía a Avecrem—añadió el cocinero—. Una semana después se negó a comer, le reté a que hiciese el menú; reconocemos que fue todo un éxito.
—¿Qué les cocinó? —les pregunté.
—Canalones —contestó la mujer y añadió—. Hoy tenemos pimientos rellenos con arroz y piñones. Una verdadera delicia. Ya los hizo la semana pasada y a petición de los internos hoy los vuelven a comer.
Al escuchar mi plato preferido, les solicité permiso para llamar a mi esposa, y lo hice a solas desde el jardín exterior.
Apenas atendió le dije:
—Cariño, ya está todo aclarado. Tendré que venir un tiempo a comer con mi padre, necesita adaptarse. Es lo más conveniente. Hoy ya me quedó.
 NETWRITERS, SEMANA XXXVIII, SEGUNDO CLASIFICADO EN TINTERO VIRTUAL

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