martes, 10 de noviembre de 2015

La reconciliación


Andrés y Liana entraron en la casa que habían alquilado en el pirineo aragonés, apenas dejaron la maleta en el salón, él observó la chimenea y dijo:
—Han dejado la leña preparada.
—Ven mira por la ventana, está comenzando a nevar.
—Esto es lo que nos hacía falta, un fin de semana, tú y yo solitos.
Él se le acercó y la atrapó por la cintura, cosa que ella, para saborear el momento, le fue llevando de la mano hasta la ventana. A través de los cristales empañados admiraron el embrujo que les ofrecía la naturaleza del invierno.
—Anda enciende el fuego—sugirió ella.
—El fuego está ya encendido…
—Me refiero al de la chimenea, no al de tu bragueta.

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