martes, 13 de octubre de 2015

La revelación


Pocos días faltaban para que se cumpliera un año desde que Matilde vivía en el asilo. Decidida, aquella mañana fue a la capilla y aguardó a que una de las internas finalizase su confesión con el padre Lucas, después lo hizo ella envuelta en un hálito de incertidumbre; decidió descubrir el más grande de sus secretos y necesitaba consejo espiritual. Al terminar y convencida del exhorto del sacerdote, acudió a uno de los bancos y atendió la homilía con solemnidad.
Cerca del mediodía escuchó el toque de campana anunciando el ángelus. Al no verla entre las internas en el salón social, Sor Lucia se acercó a su habitación; la encontró recostada en su butaca y con la mirada perdida en el ventanal que daba al jardín, se interesó por ella.
—¿Qué le pasa? Hoy no la he visto todavía.
—No me encuentro bien, ayer creo que mi hijo se marchó enfadado.
—¿Y eso?
—Creo que no hice bien en decirle que era adoptado.
—¿Usted cree?
—Siento que mis palabras no estuvieron muy acertadas.
—Ahora sale y se lo explica, ha traído horchata para merendar esta tarde con usted. Lleva media hora esperándola en la terraza.
—¿Y qué le ha dicho?
—Que le busque a su madre.
—¿Nada más?
—¿Qué más quiere que me diga?
—Pues dígale que ya voy.
 
 
 
 
 

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