viernes, 30 de octubre de 2015

La dedicatoria


  

Mi único interés aquella tarde era escuchar el programa de discos dedicados. Para ello tuve que inventarme la escusa de que tenía un fuerte dolor de barriga, porque mi madre escuchaba a diario la novela radiofónica: Lucecita. Ante mi persistencia, puso el dial en la emisora donde le dije y me senté en una silla junto a la mesa camilla para merendar. Casi me atraganté con un bocado del bocadillo de mantequilla de colores al escuchar que el locutor me dedicaba la canción de Nino Bravo: Un beso y una flor. La petición era de una chica que se llamaba Rosita. Desde entonces a ella no le han faltado mis besos y a mi madre las flores en el balcón.

 

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