miércoles, 30 de septiembre de 2015

La placa de minusválido

Al atardecer, de un día de agosto, entró una mujer a las dependencias policiales acompañada de su marido, podrá frisar los cincuenta; su aspecto era desafiante. De muy buen porte y de elegancia sutil. Me pidió si podría aclararle una cuestión, cosa que no puse objeción. Me mostró una fotografía en su teléfono móvil de alta gama. Apenas la vi descubrí lo que era: una placa de estacionamiento reservado para un minusválido. ¿Y este número de placa de matrícula? Me preguntó señalándome con el índice los números de la matricula que había en la parte baja. Es el vehículo que le corresponde el lugar para estacionar, sin duda alguna. ¿Y esto es legal aquí? Insistió con tono hostil. Cierto, y se regula por ordenanza municipal. Le contesté amablemente. Desde luego que no me parece correcto que se ocupe la vía pública de este modo. Alegó y añadió: eso en mi tierra no ocurre, allí la vía pública es de todos. Nadie tiene ese privilegio. Aquello me parecía una pesadilla, jamás había tenido una queja igual. Espero que usted nunca necesite un reservado para este menester. Le contesté con desaire, y me marché al aseo para evitarla.
 
Cualquier parecido con la realidad, no es pura coincidencia.
 

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