miércoles, 3 de junio de 2015

La bombilla fundida



Samuel llega a casa de noche, se extraña de que la luz del pasillo no se encienda, acciona dos veces el interruptor hasta que se acerca su esposa y mirando el plafón le dice:

—No insistas. ¡Está fundida!

Le entrega una bombilla nueva y de la habitación saca un taburete para que se suba a él. Cuando Samuel se dispone a sujetar el portalámparas, recibe un calambrazo que le hacen temblar las piernas como a Elvis bailando el rock de la prisión. Ella con su mano intenta amagar  una carcajada.

—¿Sabías que daba calambre? —se interesa él.

—Quería ver si a ti, también te daba...

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