martes, 5 de mayo de 2015

El puticlub



Bartolomé Puig estacionó su vehículo en la parte trasera del Club: El Edén, un lugar menos llamativo. A pesar de la baja temperatura de aquella tarde de invierno tenía las manos sudadas. Las metió en los bolsillos con la misma ansia que con meter su miembro viril. La continúa frigidez de su esposa le convenció de que, aparte de su diestra, existía otra forma placentera de llegar al orgasmo y de la cual apenas se acordaba. Abrió la puerta del local y fue invadido de un ritmo caribeño que hacía contornear a las que pululaban con sus cuerpos desnudos que navegaban sobre zapatos de tacón de aguja y que hacían resaltar sus prendas íntimas ante los tubos de neón. Aspiró con intensidad aquel perfume que ambientaba la sala y que invitaba a la morbosidad. Sus ojos se abrieron para captar la modelo a elegir. Una de ellas al verle dejo la bolsa de pipas y orientó los pasos en su busca.
—Necesito hacer el amor lo antes posible—dijo la chica apenas le tuvo delante, luego le chupeteó suavemente el lobulo de la oreja.
Bartolomé precavido de lazarse a la primera, y por consejo de un amigo que sufría de puterismo, se interesó por la tarifa:
—¿A cuánto me sube?, o mejor dicho ¿cuánto cuesta un polvo?
—Eso depende… mi amor. Tenemos de todo, como los teléfonos móviles, desde la tarifa plana, hasta la súper completa, no sé, tú decides.
—¿Se puede negociar?
—Pues claro. Una lluvia dorada te cuesta veinte euros.
—¿Y eso qué es?
—Una meadita en tu barriguita.
—¡Veinte euros!
—Tengo que beber mucho champañ, mi amor.
—¿Qué más?
—Tienes los insultos, por ejemplo, decirme putilla es gratis, ahora zorra, o putón y guarra, eso lo cobro, a cinco euros el insulto. También están los pellizcos, por cada uno a euro, no dejo moratón. También está el beso negro, o sea, besitos en el culo, son a euro cada cinco, sin lamida. Luego vienen los condones, solo pagas en coste, ahora, si quieres a pelo, por lo del riesgo laboral, eso cuesta quince euros más, es para la mutua de riesgos laborales, sabes.
—Entonces uno normal, el básico, ¿qué me costaría?
—¿El simple?, o ¿el aquí te pillo y aquí te…doy?
—Una cosa entremedias.
—Depende del tiempo, mi amor.
—Pongamos que llueva, o que esté haciendo mucho aire.

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