jueves, 5 de marzo de 2015

Oscuridad

         Samuel llegó a casa de noche, se extrañó de que la luz del pasillo estuviese apagada, accionó dos veces el interruptor hasta que llegó su esposa que, mirando el plafón de la entrada, le dijo:
      —¡Está fundida!
       Y le entrega una bombilla nueva, de la habitación le lleva un taburete para que suba. Cuando él se dispone a sujetar el portalámparas, recibe un calambrazo que hace que le tiemblen las piernas como los pases de una lambada. Ella intenta amagar una carcajada.
      —¿Sabías que daba calambre? —pregunta él.
      —Quería comprovar que a ti, también te daba.

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