lunes, 12 de enero de 2015

El pequeño camello


 
Samuel Gonzalez, alias "El tuerca", desde su litera intentaba descubrir el color original de los baldosines de aquella celda del modulo tercero en la cárcel Modelo de Barcelona. Los rayos del sol empujaban la sombra hacía la línea marcada con la suela de su zapato y que indicaba la hora de salida al patio. El recluso retiró su almohada y observó la cajita de pastillas: "Juanola", en donde guardaba sus dos últimos somníferos. Miró a su compañero de litera como dormía debajo de la de él —o simula hacerlo—. Calculando el tiempo, aspiró el cuadrilátero en donde la lejía intenta batirse con la pestilencia de aquel antro.
El Almendra” y de nombre José Luna, comenzó a revolotear en la litera. Semidormido añadió un largo carraspeo como cualquier indigente del garito de un cajero automático y estiró cuanto pudo su cuerpo esmirriado tal cual un gato. Se levantó y con desgana se asomó a la ventanilla para ver el monte lejano, donde por encima de las tejas se veía el pinar que se mezclaba con el horizonte azul.
El Tuerca" asió el sobre donde guardaba dos cigarrillos y tras comprobar el contenido lo volvió a esconder. Cuando “El Almendra” liberó la ventana, colocó el mocho con la parte de la fregona sujeta al quicio de la ventana, y el otro extremo del palo en el interior de un agujero que había en el techo. Al poco llegó "Dumbo", un ratón de pelo encenizado y con las orejas tan grandes que motivaron su mote. Bajó por el palo hasta donde le aguardaba una porción de queso, mientras lo roía, “El Tuerca” le ató una pequeña bolsita a su rabo con uno de los somníferos. Aquello le suponía, según la oferta y demanda, dos o tres cigarros que le remitiría el toxicómano de la celda vecina.
—Ahora queda esperar —dijo “El Tuerca”, arrancando la conversación en aquella mañana fría del mes de enero.
—Me podrías adelantar un cigarro…
—Ni hablar, no tengo otra cosa con la que comerciar.
—Siempre pago lo que debo. ¡Por dios!, anda dame uno.
—Anoche te fumaste dos seguidos...
—¿Crees que “Dumbo” regresará pronto?—insistió sin dejar de rascar su piel para espantar los picores de los piojos.
—Siempre lo hace antes de la hora del desayuno —miró la raya del suelo—, si trae más de uno, te lo fiaré…
—¿Y si no?
—¡Te jodes…!
—¡No me jodas!
—Ya lo veras…
—Sé que tienes alguno escondido, cuando salgamos al patio, te juro que te daré el doble, dos; o el triple… tres, incluso.
—Hoy no salimos por la que liaste con el cuento de tu barriga. Nos dejaran todo el día aquí, sin patio y sin comedor…
Se cercioró de que el palo del mocho estaba bien colocado.
La sombra del sol estaba próxima a la marca negra, no tardaría en sonar la sirena que anunciaba el reparto de los desayunos.
—¿Te doy mi café con leche?... y medio bote de metadona, que me van a dar ahora —insistió el otro con desdén.
El hocico del ratón se asomó huroneando por el pequeño agujero, se incorporó en el palo tal cual un trapecista y se deslizó. En su lomo portaba un trozo de caña atada con una goma flácida y sobre ella, un cigarro. El primero en acudir a la repisa de la ventana fue “El Almendra”. El otro, a sabiendas de su intención, intentó apartarle de su empeño; que no era otro que hacerse con afanado pitillo. Entre zarandeos cayeron al suelo como dos náufragos al mar, sus brazos intentaban flotar como nadando en aguas profundas, tanto que permitieron al pequeño camello que se entretuviese con el queso hasta comérselo entero.
La sirena sonó al tiempo que el estridente del cerrojo de la puerta de hierro abigarrado, quedaron ambos como dos figuras de cualquier museo de cera. Entró un funcionario cincuentón, calvo de amplia papada, y aguardó alguna explicación por parte de aquellos que parecían haber sido víctimas de un fogonazo ante la apertura prematura de la puerta.
—¿Qué coño hace el mocho en la ventana? —les preguntó.
Los dos voltearon su cuerpo y descubrieron a “Dumbo”, que se introducía en el agujero portando sobre su lomo el cigarro.
—¡Nos hemos quedado sin la rula, y sin el cigarro! —dijo "el Almendra", con desesperación.
—Mañana será otro día —resolvió el guardia.

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