domingo, 7 de septiembre de 2014

MEJOR IMPOSIBLE




Una señora, de cara mofletuda y con tanta laca que, simula portar un algodón de feria tintado sobre su cabeza, abre la puerta de su apartamento para salir a comprar flores, descubre en el final del pasillo enmoquetado al vecino, el señor Melvin, un escritor de novela romántica, cuyo único interés, es persuadir al perrito del vecino marica de rellano para que desista de soltar la orina en el pasillo. Con guantes de goma negra, invita al animal a que acuda con él, al ascensor. Cuando el perrito levanta su patita, junto al zócalo de madera, el señor Melvin se lanza como un portero para evitar el gol y le atrapa entre sus manos por el abdomen.
Aún así, el animal libera su vejiga sin control, y es introducido en el tobogán comunitario en donde los vecinos dejan caer a diario las bolsas de basura. Se abre la puerta del apartamento de Simón, que llama al perrito por su nombre, al no verle por casa, el señor Melvin, intenta, sin éxito, pasar desapercibido frente a él.
—¿Por casualidad ha visto a mi perrito? —le pregunta a Melvin.
—¿Estás hablando de tu perro? —le responde mofa mofa con ambivalencia— o lo haces de ese hombre que corre por los pasillos jugando contigo al pilla pilla…
Aparece el susodicho vestido con un traje tan negro como su piel.
—Adoro a su perro—continua el señor Melvin, con mirada escrutadora.
—Usted no adora a nadie… señor Melvin. — le reprocha Simón y, con aire afeminado, junto con su amante negro, se introducen en el apartamento.
Melvin regresa al suyo y, por los trastornos obsesivos que padece, inicia el cierre de la puerta: cinco vueltas al cerrojo arriba, cinco vueltas al de abajo, enciende y apaga la luz cinco veces, en el aseo repite la acción. Los guantes, de un solo uso terminan en el cubo de basura, a continuación, y desenvolviendo cinco pastillas de jabón, se lava las manos quejándose de la alta temperatura del agua, tan caliente, que suelta vapor. La soporta con creces y muecas de resignación.
Mientras, Simón celebra la presentación de su colección de obras de arte entre amigos y seguidores; hasta que llaman a la puerta y aparece el portero que le entrega al perrito en sus brazos, lo acoge rociándole de besos en el rostro y al tiempo le quita alguna monda de manzana. El hombre le indica, por su interés, que lo ha encontrado en el cubo de basura del sótano. Confiesa con expresión jocosa que alguien lo ha debido tirar por el tobogán de la basura —se lo indica discreto con la mirada.
El señor Melvin, reanuda su trabajo frente al ordenador. Antes, arregla la escuadra de botellitas de agua mineral, aunque la luz de ambiente es tenue, la vuelve a graduar sigilosamente y busca en su mente la frase que no le llega por el jolgorio que escucha de vecino, permanece tenso como un hilo dental, a la espera de inspiración y lee en voz alta: "Ella había confesado y él, la había perdonado… para esto se vive dijo él… Dos cabezas sobre la almohada donde todo se aprueba y solo existe la seguridad de estar el uno junto al otro…" Mudo, intenta recuperar su interés volviendo a leer, en la puerta de su apartamento suenan golpes de nudillos que le hacen detener, deja pasar los segundos, repite la frase de la oración que intenta componer; vuelven a sonar los nudillos, pero esta vez, con más contundencia. No consigue concentrarse, su talento se trunca por el sonido que ahora suena como si fuesen producidos sobre la aldaba de bronce, su mente está desconcertada por completo.
—¡Hijo de puta! —salta Melvin y se levanta enfurecido.
En apenas seis zancadas, llega a la puerta atolondrado de nervios, quita todos los cerrojos y la abre de un tirón; al ver al pintor junto a su amante aspira todo el oxigeno posible y lo suelta la retahíla:
—¡¡¡Maldito sarasa, culo prieto!!!
Trémulo, Simón le muestra que ha recuperado su perrito.
—Vaya, pues es un alivio —le contesta con arrogancia y se aproxima a su rostro hasta aspirar su aliento—, te das cuenta que yo trabajo en casa. ¿Te gusta que te molesten cuando estas mariposeando en tu jardincito?
—No, no, de hecho, quito el timbre al teléfono…
—Pues yo trabajo a todas horas, así que, nunca, nunca me interrumpas ¿De acuerdo? Ni aunque haya un incendio, y si por casualidad, oyes un golpe seco en mi casa, y al cabo de una semana sale un olor que sólo puede ser de un cadáver putrefacto y que tengas que llevarte un pañuelo a la cara, porque el hedor es tan fuerte que te puedes desmayar, aun así. No… no llames aquí —le mira intensamente y continua—. O si es la noche de las elecciones y estés emocionado y quieres celebrarlo porque algún chupapollas con el que sales y que ha sido elegido el primer marica de los Estados Unidos de América, aun así. No… no me llames. ¡A esta puerta jamás! Bajo ningún concepto. ¿Lo has captado ricura? — El actor Jach Nicholson, que es quien interpreta al señor Melvin, le muestra una sonrisa tan maliciosa como la que hiciera cuando interpretó al Joker, en Batman.

—Ha sido una indirecta muy sutil —contesta el vecino.











3 comentarios:

Carmelo Plaza dijo...

Jaja. También es una de mis escenas favoritas. Un Nicholson inconmensurable y un reparto igual de lúcido.

Muy bien traída!!

Maria Del Mar Lana dijo...

Me pareció una película muy buena. Muy entretenido leerlo, Llorens.
Un abrazo.

Llorens Bustos dijo...

Gracias por vuestro cometario, y más viniendo de vosotros, que os tengo en gran estima.