martes, 29 de julio de 2014

El secuestro



Borja salió de estampida por la puerta trasera de la casa, sólo se escuchaba a su madre como le gritaba: ¡Márchate! ¡Huye!
En el jardín, Torrente, un pastor alemán que le podía igualar en altura, fue a su encuentro con su galope peculiar. El niño, junto con el perro, se acercaron en cuclillas hasta la ventana que daba al comedor, observó a dos hombres, uno de ellos mantenía a su madre forzada desde la espalda, mientras el otro, intentaba pegarle un trozo de cinta adhesiva en la boca, a pesar de la abnegación de ella. El niño agazapado  bajo la ventana intentó buscar a un tercero, por no verle, supuso que debería andar buscándole por la casa. Ya que su padre aún no había regresado de la oficina.
—Anda vamos—dijo Borja al perro—, sígueme, saldremos por la puerta secreta que da al jardín del vecino. Los padres de Felipe aún están de vacaciones, nos esconderemos en la casita de madera, esto no me gusta nada.
—¡Guau…!
—No ladres, shiiit, intenta no ponerte delante que me puedo caer, con la oscuridad es difícil saber por dónde ir, ya esta, aguarda que retire la falsa reja, pasa tu primero y espérame, agáchate. Aguardaré hasta que llegue mi papá. Seguro viene con la policía. Los conoce muy bien.
—Guauuuu.
—Chiiit, he dicho que te calles —se detuvieron tras un matorral—, mira, ha salido un hombre de la casa y busca en tu caseta. Esos tipos nos quieren robar, mi mamá dudó de ellos, pero la engañaron. La oí decir que se extrañaba fuesen los técnicos de la alarma, a estas horas. Cuando ya tenemos el pijama puesto. Mira, los otros me están buscando, la luces son de sus linternas, a mamá la han dejado maniatada. Seguro que son tres.
—Guauuu.
—¡Callate! —Insistió y puso el dedo índice en su boca.
—Se han metido de nuevo en la casa, tenemos que hacer algo.
Borja abrazó por el abdomen al perro, le acarició el pecho al presumir que estaba tan nervioso que él. Se acomodaron en la caseta del vecino, donde guardaba su padre las herramientas del jardín y que hacía de trastero.
—No sé qué hacer. ¿Qué podríamos hacer?
—Guau… guau…
—Te quieres callar, que yo pregunte, no tienes porque contestar, tenemos que pensar en salvarla, mi padre tarda. Igual está reunido… como siempre.
—Guau, guau…
—¡A que te pongo el bozal!
La mansión de su amigo permanecía desierta, Borja sabía por donde se podía menear, sin que se activaran las alarmas, alguna que otra vez habían jugado al escondite por aquella parte de la casa. A pesar de tenerlo prohibido.
—Hace frío. Mira la cesta de los disfraces, está la falda de mi hermana, la que yo me puse cuando me disfrace, el azulete que me lo dio su criada para pintarme la cara. Y la peluca con la espada, aunque es de madera —miró fijamente a Torrente—, ¿Te acuerdas? tú hiciste de caballo, aunque me tiraste dos veces al suelo. Y eso que te comiste mi hamburguesa.
El niño se asomó por el quicio de la puerta, todo parecía estar tranquilo, apenas pasaba un alma por la acera de la urbanización.
El perro se dejó caer al suelo y para ello, descansó alargando la cabeza. Borja, resignado, cavilaba sin cesar. En el rincón permanecía un poster de la caratula de la película Braveheart, misma que el utilizó para disfrazarse como Mel Gibson. La desplegó y en un plis plas, se colocó la falda escocesa, luego la peluca y cogió la bolsita de azulete, depositó un poco en un recipiente, mojó los dedos con saliva y se impregnó la mitad de la cara atediando el reflejo de un tapacubos. Blandiendo la espada en alto, saltó eufórico:
—¡Tenemos que hacer que salten las alarmas!. ¡Ladra cuanto puedas!
Borja y Torrente comenzaron a correr por el jardín, al pronto la sirena de la entrada comenzó a silbar, algunas casas prendieron las luces, los vecinos acudieron a las ventanas, otros a la puerta. Al poco llegó un coche patrulla, se detuvo frente a la casa, el niño y el perro acudieron al encuentro y alertaron de lo ocurrido en el interior de su casa. Uno de los agentes solicitó apoyo por la emisora, y cuando eso ocurrió, como por azar, llegó su padre. Por sugerencia del policía les abrió la puerta de la verja, apenas quedó libre la entrada, llegaron tres coches patrulla, el que debería ser el jefe de ellos asió un megáfono, Borja en un descuido se lo arrebató y gritó:
¡¡¡Por la Libertad!!!
De repente, salió corriendo acompañado con Torrente y espada en ristre hacia la puerta de su casa.


3 comentarios:

Mariló Jiménez dijo...

Buena historia, amigo. Las aventuras que nos cuentas no dejan de ser estupendas.

Mariló Jiménez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
RosaGp dijo...

Buen relato, no lo recordaba. Un abrazo y a seguir con esto de escribir que nos da muchas alegrías.